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  • La fantasía del poeta parece vivísima, y da la impresión de no obedecer a un plan establecido, sino a aproximaciones aparentemente casuales, como ocurre en los sueños (con procedimiento típico del surrealismo). No obstante, la caracterización y estilización de las localidades es siempre fulminante, nítida, intensa, original y feliz. Y luego la extraordinaria belleza de aquel título y de aquel verso inicial: «Escucha la Ciociaria, amigo», inmediatamente convertido en proverbio, inmediatamente devenido emblemático de toda la poesía de De Libero. El poema ha rescatado, como por encanto, la Ciociaria de todas las malignas, injustas y superficiales alusiones a un presunto retraso, a su irremediable rudeza, elevándola al olimpo de las regiones poéticamente privilegiadas. Desde aquel 1953 en el mundo se dice con simpatía y respeto Ciociaria, como se dice Andalucía. Sí, De Libero ha obrado para nuestra tierra el mismo milagro que García Lorca para la suya.

     

    Gerardo Vacana

  •  Libero De Libero, poeta, narrador, periodista y crítico de arte, nació el 10 de septiembre de 1903 en Fondi (Latina). En 1906 su padre, Francesco, fue nombrado secretario municipal en Patrica (Frosinone), donde De Libero pasará la infancia y la adolescencia. Enseñó Historia del Arte en el Liceo Artístico de Roma de 1941 a 1973, desarrollando simultáneamente una intensa actividad de escritor. Murió en Roma el 4 de julio de 1981.

     

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  • Escucha la Ciociaria, amigo.
    Tú, fugitivo por caminos extranjeros
    que van siempre a otra parte, escucha
    en la concha remota de mi cielo,
    en la lágrima que gotea de su fruto,
    en el vuelo de una hoja que te detiene
    en el confín de un bosque fabuloso,
    escucha la Ciociaria en los manantiales.

     

    Deberías escuchar la Ciociaria
    en las riberas del Sacco o una noche en Ceprano,
    en el galope del viento en Collepardo,
    dentro de la lluvia que entona Guarcino,
    en el himno santísimo en Vallepietra:
    deberías escuchar los arcanos torrentes
    desmoronarse en las raíces de Amaseno,
    a los que pone música algún jilguero.