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  • La Fábrica reúne los textos escritos por Albert Lladó a lo largo de dos años.

    El autor combina notas, semblanzas, perfiles, crítica, lecturas y reflexiones sobre el periodismo o la política, siempre desde una mirada diferente, lírica e irónica, que apuesta por la heterodoxia.

    Encontramos en el libro una suerte de cuaderno de viaje, apuntes al margen de la actualidad más inmediatada, columnismo de opinión, un diario (un inventario, tal vez) que se interroga desde la anécdota, los juegos de palabras o a partir de múltiples aforismos.

    Manifiestos, cartas, recetas, telegramas, decálogos, citas, metaliteratura, e incluso una autoentrevista, son recursos que el autor utiliza para escapar del género concreto en busca de una prosa propia, intransferible, que amplíe el horizonte de imágenes y atrape la atmósfera o el instante.

    La Fábrica es el retrato de un fracaso. El de la voluntad de escribirlo todo.

     

  • albertlldo

    Albert Lladó (Barcelona, 1980) es licenciado en Filosofía (UB), posgrado en Periodismo de Proximidad (UAB) y máster en Estudios Comparados de Literatura, Arte y Pensamiento (UPF). Se ha formado en Dramaturgia en el Obrador de la Sala Beckett y en el Seminario Internacional Panorama Sur (Buenos Aires).

    Ha publicado los libros de relatos Podemos estar contentos y Cronopios propios, el ensayo Encuentros fortuitos, la recopilación de entrevistas Paraules, el libro de aforismos La realidad es otra, y la novela La puerta.

    Colabora regularmente con el suplemento Cultura/s. Director de las revistas Secundèria y L’Hiperbòlic (VIII Premi AJC) durante tres años, y fundador de Diari Maresme y de Sísifo, ha escrito en Benzina, Quimera, Qué Leer, Revista Ñ (diario Clarín) y El Ciervo.

    En la actualidad, es coordinador de la sección de Cultura de LaVanguardia.com, editor de Revista de Letras, y director académico de la Escuela de Periodismo Cultural.

     

  •  http://www.lavanguardia.com/libros/20141024/54417433351/albert-llado-la-fabrica.html

     

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    77.

    El entusiasmo

    Perder el entusiasmo. No hay barra de medición ni de potencia, como en los videojuegos. El termómetro calcula el hastío de rígido mercurio. Se pierde el entusiasmo al lanzar la red en un mar de morralla, de ruido y de eco. El loro ciego y negro en el que nos convertimos al apagar la luz apagada, al teclear la frase que nace muerta y sin flores. Utilizamos, sin mango ni sartén, una metáfora como quien usa hilo dental. Aprender a entusiasmarse es aprender a caminar de nuevo. La rehabilitación está llena de fórceps y artimañas, de recaídas, de mentiras propias. La exclamación, esa portería sin larguero, nunca es suficiente para que no nos cuelen los goles de la prorroga. El entusiasmo es buscar sin buscar nada. Abrir los ojos sin tener la sensación, manchada, de que los párpados son persianas que al final del día bajaremos por falta de público.

    El entusiasmo, no nos equivoquemos, no se conquista. No es guerra ni amenaza. No es una expedición con flotas y tropas y gendarmes. El entusiasmo es un giro en línea recta, una elipsis de cristal y vaho, una manzana con neones y destinos. El entusiasmo, es eso, una trampa en la que caer con toda la perfidia, remando, saltando a la pata coja, masticando horas y siglos y condenas. Nos falta el entusiasmo, por lo tanto, cuando escribimos “por lo tanto”. Los conectores, las muletas, y las carrozas son las vías de un tranvía, los raíles de un vagón de mercadería, la pista de atletismo de un corredor que, aunque tenga toda la ventaja del mundo, está obligado a hacer el número exacto de vueltas que le pida el campeonato. Entusiasmarse es acabar algo que no se sabía comenzado.

    El entusiasmo se disuelve, en grasas y gasas, en el país que confunde insistencia por cadencia. La réplica anunciada, los campos a rellenar, el formulario sin firmar, la palabra-calcetín, el pájaro que alquila su jaula. El entusiasmo no se ensaya. El entusiasmo no se dibuja, ni se entrega. El entusiasmo no es una sonrisa. Es rabia, el entusiasmo. Apretón de dientes. Es negación y canto y diferencia y manos arriba, esto no es un atraco. El entusiasmo volverá. Estrenaremos de nuevo entusiasmo. Entonces romperemos la botella contra ese barco. Tan viejo-nuevo. Tan dispuesto a reírse de todas las anclas (de rana).