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  • «La poesía es una regularidad capaz de expresar las dimensiones irregulares de la vida, el contorno cambiante de una nube, el fluir de un río, la palpitación de una pasión abriéndose paso entre la multitud anónima a la búsqueda de un rostro único».

    (…)

    «Un poema, tomado en su última significación, en la más humana, es sólo una huella, el testimonio, sea grande o pequeño, perdurable o fugaz, de la vida».

    Juan Malpartida

     

  • Juan Malpartida (Marbella, Málaga, 1956), es poeta, crítico literario y narrador. Es director de Cuadernos Hispanoamericanos. Ha publicado, entre otros, los libros de poesía Espiral (1990), Canto rodado (1996), El pozo (2002) y A un mar futuro (2012), las novelas La tarde a la deriva (2002) y Reloj de viento (2008), ciclo del que forma parte Señora del mundo (inédita). Es autor también de numerosos ensayos entre los que cabe destacar La perfección indefensa. Ensayos sobre literaturas hispánicas del siglo XX (1996), Los rostros del tiempo (2006) y el diario literario Al vuelo de la página: Diario 1990-2000. Ha traducido a Charles Tomlinson, T. S. Eliot y André Breton. 

     

  • http://www.martinoticias.com/content/juan-malpartida-observatorio-intimo/91648.html

     

  • MEMORIAL

     

    Al comienzo fue la furia del viento

    agitando la maleza del patio;

    luego se abrieron las ventanas

    y giraron papeles y cortinas.

    Rugieron dioses y demonios por las rendijas.

    Alguien vaticinó: “Habrá tormenta!,

    y esa noche dormimos con el agua

    inundando la parte baja de la casa.

     

    Liberados de sus funciones,

    los enseres bogaban por la sala.

    Desde el peldaño diez de la escalera,

    armado con la caña de la escoba,

    yo inventaba las órbitas del fango.

    La vieja cafetera, cabeceando,

    se fue a lo hondo. Un cuenco de latón

    brilló con luz fingida. ¿Quién

    me dijo aquella noche

    que el desorden de la casa y el cosmos

    de una misma sustancia comulgaban?

     

    Pero a pesar de todo nos dormimos,

    porque juró mi padre que hasta el Cristo

    no llegaría el agua.

    Envuelto en barro lo encontramos

    junto a una rana hinchada.

    Arriba, un limpio sol de enero

    y la calma que sigue a los naufragios.

     

    Un día mi padre dijo como quien confiesa,

    que hubo un tiempo en que no existía nada,

    y todos nos echamos a reír.

    “Reid, reid –nos respondió

    Mientras liaba, lento, un cigarrillo-

    ¡pero tarde o temprano volverá!”

    Tengo la edad que mi padre tenía entonces

    y cada vez que lo recuerdo

    me río hasta las lágrimas,

    porque el tiempo lejano de mi padre

    es el presente siempre de la nada.

     

    Por entonces, en el colegio,

    el profesor, citando a un tal Servet,

    nos explicó la ruta de la sangre,

    y habló del surtidor, “pulcra asistenta,

    que en el orden simbólico –nos miró con sorna-

    mueve los vientos y los astros”.

    Y fue por una de esas razones,

    que el corazón oculta a la cabeza,

    que al salir de la clase yo me enamoré.

    Entre un golpe de sangre y otro

    se abrió mi vida en dos, perdí la voz

    y la paciencia.

    Pero todo esto lo supe más tarde,

    al tropezar de nuevo y nuevamente

    con una joven alta como el día.

    Surgió cuando un minuto,

    deteniendo su curso

    sobre la sucesiva línea impávida,

    cayó sobre su centro.

     

    Niñez, onda concéntrica, en su pozo

    había una palabra,

    las crecidas del río sobre el muro,

    una casa inundada,

    parlamentos con sólidos fantasmas,

    las insondables tardes del verano

    y el óxido de las costumbres,

    la agonía del pájaro en la trampa,

    la punzante visión del sexo

    unida a los infiernos

    en los que nos quemábamos a gusto.

     

    Niñez, blanco sismógrafo de incurias,

    padre del hombre, caja negra de la Historia.

     

    Y sin embargo,

    una curva del mar esta mañana,

    desplegando su proa

    sobre la playa azul de la memoria,

    vino a decir que sí

     

    (un grupito de pinos

    y las secas chicharras.

    las dunas oscilantes

    de tu cuerpo en la sombra,

    los bosques, las montañas,

    los chasquidos del mar,

    y tu voz distraída

    en el cuento de espuma

    que une el cielo a la tierra)

     

    Y el tren de la desdicha viajando en la noche,

    el humeante asfalto, las promesas

    que el prestigio del tiempo

    barajó ante tus ojos.

    No sabemos

    Los actos que la acción desencadena.

    no son el sí, no son el no;

    pero el amor gravita,

    busca su forma.

     

    Esta pequeña planta de geranio,

    un puñado de tierra en lo celeste,

    y sobre todo la manera de estar solo,

    el acuerdo de dos (las cosas cambian)

    aquel día de mayo sin historia.

    ¿Cuánto duró lo que no dura?

     

    Suena el viento ahora en la terraza,

    es la primera brisa del otoño

    y el verano se aleja.

    Yo perduro

    (frágil afirmación sangrante)

    sobre el punto que gira,

    onda del mar que siempre rompe

    sobre esta playa del presente.

    Es todo lo que sé para estar vivo

    después de tanta muerte.